Estar triste no está mal
La tristeza es una emoción que aparece cuando algo nos duele, nos preocupa o nos hace sentir solos. Todas las personas la experimentan, tanto los niños como los adultos.
No tienes que esconderla ni avergonzarte por llorar. Jesús también sintió tristeza y lloró cuando murió su amigo Lázaro:
«Y Jesús lloró».
Este pequeño versículo nos enseña algo muy importante: Jesús comprende nuestras lágrimas porque Él también experimentó sentimientos humanos.
Dios escucha lo que hay en tu corazón
Dios no espera que llegues contento para escucharte. Puedes acercarte a Él cuando tienes miedo, enojo, dudas o tristeza. La Biblia dice:
«El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos».
Esto significa que Dios permanece cerca de quien está sufriendo. Tal vez el problema no desaparezca inmediatamente, pero no tienes que enfrentarlo solo. Puedes confiarle tus lágrimas y pedirle fuerza para dar el siguiente paso.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que Dios es quien nos llama primero al encuentro de la oración. Cuando hablamos con Él, respondemos al amor con el que ya nos estaba buscando.
Una forma sencilla de hablar con Dios
Busca un lugar tranquilo. Puedes cerrar los ojos, mirar una cruz o colocar una mano sobre tu corazón. Después, habla con Dios siguiendo estos cuatro pasos:
- Llámalo: «Jesús, aquí estoy».
- Cuéntale qué ocurrió: «Estoy triste porque...».
- Dile lo que necesitas: «Ayúdame, acompáñame o dame valor».
- Guarda un momento de silencio: respira lentamente y recuerda que Jesús permanece contigo.
No importa si tu oración es muy breve. Incluso puedes decir:
«Jesús, estoy triste y no sé qué decir. Quédate conmigo».
También puedes hablar con Dios mediante un dibujo, una canción o permaneciendo unos minutos en silencio.
Actividad: mi corazón delante de Dios
Para realizar esta actividad necesitarás una hoja de papel y colores.
- Dibuja un corazón grande.
- Dentro del corazón, dibuja o escribe lo que te puso triste.
- Alrededor, escribe los nombres de las personas que pueden ayudarte.
- En la parte superior escribe: «Jesús está conmigo».
- Termina hablando con Dios sobre tu dibujo.
Después puedes conservarlo dentro de tu Biblia o compartirlo con tus padres, abuelos, catequista o maestro.
Dios también nos ayuda por medio de otras personas
Hablar con Dios no significa que debas guardar en secreto lo que te sucede. Él también puede cuidarte por medio de las personas que te aman.
Si la tristeza dura muchos días, te impide jugar, dormir o comer, o si alguien te lastima, te amenaza o te pide guardar un secreto que te hace sentir mal, cuéntaselo inmediatamente a un adulto de confianza. Puedes buscar a tus padres, familiares, maestros, catequistas o sacerdote.
Pedir ayuda no es señal de debilidad. Es una decisión valiente y una manera de permitir que otras personas te cuiden.

