Aunque no podemos ver al Espíritu Santo con los ojos, Él está presente y actúa en nuestra vida. Jesús prometió enviarlo para que nunca estuviéramos solos. El Espíritu Santo nos ayuda a recordar las palabras de Jesús, a comprender lo que Dios quiere y a elegir el bien. También nos da fuerza para perdonar, compartir, decir la verdad y llevar consuelo a quien está triste. En este artículo conoceremos quién es, cómo se manifestó en Pentecostés y de qué manera podemos reconocer sus frutos en nuestras acciones de cada día.
El Espíritu Santo es Dios
Los cristianos creemos en un solo Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. A esto lo llamamos Santísima Trinidad. No son tres dioses, sino un solo Dios en tres Personas.
El Padre nos creó y nos ama. El Hijo es Jesús, quien se hizo hombre para salvarnos. El Espíritu Santo es Dios presente y actuando en nosotros, en la Iglesia y en el mundo.
Cuando decimos que el Espíritu Santo es una Persona, no queremos decir que tenga un cuerpo como nosotros. Significa que no es solamente una energía o una fuerza. Él conoce, ama, guía y actúa.
Cada vez que hacemos la señal de la cruz decimos:
«En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».
Así recordamos que toda nuestra vida está acompañada por el amor de Dios.
Jesús prometió enviarnos al Espíritu Santo
Antes de su muerte y resurrección, Jesús explicó a sus discípulos que no los dejaría solos. Les prometió la presencia del Espíritu Santo para ayudarlos a comprender y recordar sus enseñanzas.
«El Espíritu Santo [...] será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».
En la Biblia, Jesús también lo llama Paráclito, una palabra que nos ayuda a entender que el Espíritu Santo acompaña, consuela, ayuda y defiende.
Podemos pedir su ayuda cuando no sabemos qué hacer, cuando necesitamos valor para decir la verdad o cuando queremos comprender mejor la Palabra de Dios.
¿Qué sucedió en Pentecostés?
Después de que Jesús volvió junto al Padre, sus discípulos permanecieron reunidos en oración. Tenían miedo y no sabían cómo continuar la misión que Jesús les había confiado.
El día de Pentecostés escucharon un ruido parecido a un viento fuerte y aparecieron unas lenguas como de fuego. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a anunciar las maravillas de Dios.
El Espíritu Santo les dio valor para salir, hablar de Jesús y compartir el Evangelio con personas de diferentes lugares. Lo que antes les causaba miedo se convirtió en una misión llena de esperanza.
La fiesta de Pentecostés nos recuerda que el Espíritu Santo continúa acompañando y fortaleciendo a la Iglesia.
¿Cómo actúa el Espíritu Santo en nuestra vida?
El Espíritu Santo trabaja de manera silenciosa. No siempre escucharemos una voz, veremos una luz o sentiremos algo especial. Muchas veces podemos reconocer su acción cuando nace en nosotros el deseo de amar, perdonar, compartir o ayudar.
El Espíritu Santo puede ayudarnos a:
- Recordar las enseñanzas de Jesús.
- Comprender mejor la Biblia.
- Hablar con Dios durante la oración.
- Elegir lo bueno cuando tenemos dudas.
- Pedir perdón y perdonar a los demás.
- Tener valor para defender a quien necesita ayuda.
- Llevar alegría, paz y bondad a nuestra familia.
No todo pensamiento o deseo viene del Espíritu Santo. Para saber si una idea es buena debemos preguntarnos si se parece a lo que Jesús enseñó, si respeta a los demás y si produce amor, verdad y paz. También podemos pedir consejo a nuestros padres, catequistas o sacerdotes.
Los símbolos del Espíritu Santo
Como no podemos verlo con los ojos, la Biblia y la Iglesia emplean distintos símbolos para ayudarnos a comprender cómo actúa:
- La paloma: representa su presencia y la paz que viene de Dios.
- El fuego: representa el amor de Dios que ilumina y transforma.
- El agua: representa la vida nueva que recibimos de Dios.
- La unción con aceite: representa fortaleza, elección y consagración.
- La nube y la luz: recuerdan que Dios está presente y nos guía.
Estos símbolos representan al Espíritu Santo, pero Él no es una paloma, una llama ni el viento: es Dios.
Actividad: el árbol de los buenos frutos
Esta actividad te ayudará a reconocer cómo el Espíritu Santo puede actuar en tus decisiones. Necesitarás una hoja, lápiz y colores.
- Dibuja un árbol con cinco frutos grandes.
- Escribe en los frutos estas palabras: amor, alegría, paz, paciencia y bondad.
- Elige el fruto que más necesitas practicar durante esta semana.
- Escribe una acción concreta para vivirlo.
- Termina pidiendo al Espíritu Santo que te ayude a cumplirla.
Por ejemplo, si elegiste la paciencia, puedes proponerte esperar tu turno sin enojarte. Si elegiste la bondad, puedes ayudar a un compañero o colaborar en una tarea de tu casa.
Fuentes consultadas
- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica , preguntas relacionadas con los números 683-701.
- Catecismo de la Iglesia Católica, números 683-686 , sobre la fe en el Espíritu Santo.
- Catecismo de la Iglesia Católica, números 687-747 , sobre su nombre, símbolos y misión.
- Evangelio según san Juan 14,15-26 , promesa de Jesús sobre el Espíritu Santo.
- Hechos de los Apóstoles 2,1-13 , venida del Espíritu Santo en Pentecostés.
